viernes, 2 de octubre de 2015

Cómo conocer lo que es bueno

     Descubrir lo que es  bueno  superando los límites de la propia cultura.La Episteme como  virtud y camino en la búsqueda de la verdad



Es muy difícil sustraerse a los límites de la propia cultura. Sólo es posible con una mente abierta y un corazón más grande todavía. Se necesita una mente abierta porque implica tener la humildad de reconocer que la verdad es  mucho más profunda que mi forma de pensar. Es  reconocer que seguramente poseo errores en algunas de las ideas fundamentales que sostengo y que debo indagar en la búsqueda de la verdad sin desfallecer. Tengo como dato objetivo la realidad tal cual es , en la forma que me rodea . Todo tiene sus leyes, y mi ser debe tratar de captarlas y conocerlas. En la medida que pueda ir comprendiendo esa realidad multiforme que me rodea, voy adquiriendo la sabiduría necesaria para una vida con conocimiento. Pero el conocer también está limitado por el sentimiento, por los valores que poseo, por la vida afectiva. Para descubrir la verdad debo recorrer el camino de las ascesis interior que me permite el dominio de sí, que trata de entender y apreciar aún aquello que me disgusta . Sólo quien puede conocer a su enemigo y comprenderlo y descubrir lo bueno que tiene, ha logrado tener un corazón libre que puede conocer.
La Episteme, según los griegos, especialmente para Platón y Aristóteles es el ejercicio de la razón, la virtud intelectual que permite conocer por el verdadero conocimiento científico, conocer el mundo verdadero y no la apariencia de lo real. Quien posee la episteme, logra llegar a la verdad. Pero no es sólo una virtud intelectual, porque la virtud no existe sola en el mundo, sino que existe en una persona, en un pueblo. Por lo tanto es una virtud personal y social que abarca a toda la persona y a todo el pueblo. Por lo tanto abarca desde la razón hasta el amor. Está comprobado que quien no ama algo no lo puede conocer y si no lo ama bien, no puede conocerlo con rectitud. Por eso hay ciertos grados del conocimiento a los cuáles se accede sólo con un desarrollo de la vida interior que clarifica a la persona en sus pensamientos y sentimientos y que le permite descubrir la verdad. Si uno analiza los distintos pueblos, las distintas culturas y épocas de la Humanidad, descubre que sus creencias y sus conocimientos, en principio sostenidos como ciertos, van cambiando en algunos de sus contenidos fundamentales. Se descubre que cada civilización tiene su paradigma. Sólo revisar el concepto de hombre, entendido como simple materia, o como algo fundamentalmente espiritual como el alma, o como la unión de ambos aspectos, nos muestran la comprensión diversa que tienen las distintas culturas. Mirar la evolución que ha tenido la esclavitud y desde su utilización en la vida militar, social y económica de los pueblos hasta la repulsa moderna y contemporánea, nos muestra como el hombre va cambiando en su comprensión y valoración. La dificultad de realizar y practicar una verdadera Episteme en la propia cultura, se observa en este punto, en el inadecuado e insuficiente combate contra la trata de personas y la prostitución forzada, por un prejuicio todavía machista presente en muchas sociedades. Es de destacar que cuando Bartolomé de las Casas, defendía a los indios del maltrato y cierta esclavitud por parte de los españoles, en algunos sentidos, San Pedro Claver, precursor abierto de mente y corazón, defendía a los negros y atacaba la esclavitud, en una época que no era mal vista y era aceptada en la sociedad. Pocos hombres logran esto. Por eso es importante buscar desarrollar la Episteme en el hombre común y en todos los hombres. Que los pueblos la desarrollen como virtud para alcanzar la sabiduría de buscar continuamente la verdad. Los pueblos pueden colocar la búsqueda y el desarrollo de la Episteme, como virtud que busca el conocimiento verdadero y científico (en el sentido plenamente humano del término), dentro de sus planes educativos y en su currículo. Por eso el tratamiento de la Episteme se encuentra en los planes del Profesorado. Los formadores de personas como cuerpo especializado, los docentes, deben aprender a formar escuelas, que eduquen a sus pueblos, con una profunda conciencia nacional, que a la par busca la verdad universal, que no es sólo la opinión (doxa), creencia o conocimiento que su pueblo tiene sobre la realidad.  Para lograr esto, en las distintas materias, debe incorporarse el desarrollo de la Episteme. Para lo cual , los temas que se quieren ir investigando y aprendiendo, deben ser vistos en su comprensión por las distintas culturas, pueblos y civilizaciones. Al poder ir comprendiendo como cada pueblo veía el tema de la realidad ya se va arribando a la comprensión de la misma. Luego cuando se lo compara con la comprensión que otros pueblos tenían del mismo, se va profundizando en la esencia del tema. Finalmente cuando se lo compara con la comprensión actual del tema, ya se adquiere una riqueza mayor que debe llevar a la humildad de reconocer que se va aprendiendo a lo largo de la Historia y que deben quedar otros aspectos y miradas a descubrir sobre el tema. Es allí que se va arribando a desarrollar la virtud de la EPISTEME, en su real dimensión, que permite conocer la verdad más allá de la propia cultura y de la propia época. De alguna forma esta virtud humana, se puede volver cuasi divina cuando se convierte en sabiduría porque se une al ESPÍRITU DIVINO, que creó todas las cosas, y conoce la verdad ta cual es. El hombre busca volverse sabio y para eso le pide ayuda a Dios, y le pide ayuda a los hombres de las distintas culturas para poder disfrutar de la verdad . Esta tarea implica un verdadero deseo de conocer la verdad y tener la inquietud intelectual de hacerlo. Es decidir alcanzar una estatura humana más digna y no guiada sólo por la opinión o la ideología.


                                                Julio  Daniel  Nardini








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