martes, 7 de abril de 2009

La educación y la virtud según Platón

La materia y la idea
En la República, Platón se pregunta por el significado de la justicia y la naturaleza de una sociedad justa, y para responder a estos interrogantes formula una original teoría del conocimiento, ilustrada mediante el conocido mito de la caverna, según la cual son dos los niveles de la realidad:


El mundo las apariencias (phainomena), de las sombras, que es el que perciben los sentidos. Éste es el mundo de la materia, compuesto por objetos imperfectos y sujetos a continua mutación.
El mundo de las ideas, de la luz, al que se llega mediante el camino del conocimiento. Es el mundo de las formas ideales, perfectas y universales.
El abstracto mundo de las ideas tiene su expresión en las palabras, y por eso Platón se interesa mucho en descubrir la riqueza del lenguaje y en definir los significados de las palabras y conceptos.

Pero las ideas no sólo son conceptos más o menos generales que sirvan para ordenar los diversos sentidos de las palabras, sino que son, además, el fundamento y el modelo del mundo real.

El alma y el conocimiento
Para Platón, el alma o psique es el principio de la vida del cuerpo (por tanto está separada de éste) y se compone de tres fuerzas o funciones:

La que entiende, o intelecto.
La que quiere, o voluntad.
La que siente o desea por debajo de las otras dos.
El alma existe antes que el hombre concreto al que da vida (metempsicosis), y por eso cada individuo ha conocido antes lo que luego llegará a saber. Así, aprender no es otra cosa que recordar, pues en un tiempo anterior el alma ha conocido esa realidad verdadera o mundo de las ideas perfectas, que se identifica con el bien.

La idea del bien es el objeto del conocimiento, y a partir de ella adquieren sentido la justicia, la belleza, la verdad y todas las demás cosas. Al participar del mundo de las ideas y, por tanto, del bien, los hombres tienden a alcanzarlo mediante un proceso de imitación o mímesis.

La educación y la virtud
Junto con el impulso que arrastra al hombre al conocimiento, el hombre que ha salido de la caverna, y que por tanto posee la verdad, siente la necesidad de mostrar a los demás el camino que él ha seguido. El saber no es tal si no se comunica, y a partir de este sentimiento solidario o necesidad de compartir desarrolla Platón su teoría de la educación o paideia.

En relación con la necesidad de la educación, Platón se pregunta si puede el hombre aprender la virtud (areté), es decir, si puede mejorar su propia naturaleza. El objetivo de ese aprendizaje de la virtud o excelencia no es el dominio de los otros hombres, sino el dominio de sí mismo, el «conócete a ti mismo» de la inscripción del templo de Apolo en Delfos. En consecuencia, la enseñanza ha de basarse en la reflexión, como forma de despertar el deseo del bien que duerme en nuestra memoria.


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